Esta noche por primera vez nuestro peque ha dormido solo en su habitación. No está ni siquiera decorada de manera infantil, sólo hay en ella la cuna, la tabla de planchar y una silla, además de una estantería por colgar.
La noche la ha pasado como todas, nada especial ni particular. Me he tenido que levantar tres veces para ponerle el chupete, pero nada más, a ver qué tal le va la segunda noche. Cuando por la mañana se ha despertado, como otras tantas veces, se ha puesto a "hablar" tranquilamente y a jugar en la cuna con lo primero que pilla: el chupete o lo que lo sujeta, un par de muñequitos que hay dentro, el cojín de lactancia que lo tiene para que no meta los pies entre los barrotes... con cualquier cosa se entretiene.
Ahora también tenemos que tener la precaución de no dejar la barandilla bajada, pues ya ha aprendido a levantarse y ponerse de pie.
Es una pasada lo que cambian las cosas de un día para otro: ya sabe darse la vuelta en ambas situaciones (de boca arriba a boca abajo y a la inversa), pasar de sentado a boca abajo (primero se pone a cuatro patas y después de estira), volver de boca abajo a sentado, incorporarse estando boca arriba (esto es por el continuo ejercicio abdominal que ha hecho siempre, pero ahora ha aprendido a ponerse un poco de lado y ayudarse con los brazos), reptar (que no gatear), desplazarse dando saltitos con el culete, pedir que lo cojas, levantar los brazos o echarlos hacia una persona, dar besitos (más bien chupetones)...
Y no sé si lo he dicho ya, pero hace ya mucho tiempo que dice mama, papa, yaya, tete y sobre todo "eh, eh!", entre otras cosas sin sentido, pero todavía dudo que lo haga conscientemente, aunque a veces parece que sí me llama.